PENSAMIENTOS SOBRE LOS BIOPICS MUSICALES

 En la entrada de hoy voy a exponer algunos pensamientos sobre los biopics musicales, esto es, sobre películas biográficas sobre figuras de la música y artistas.

Ha habido biopics sobre artistas desde hace bastante tiempo (se me vienen a la mente el de The Doors -con Val Kilmer haciendo de Jim Morrison- o Dreamgirls, sobre The Supremes), pero, desde que en 2019 Rami Malek encarnara a Freddie Mercury en Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018) y consiguiera ganar el Oscar a Mejor Actor-, éstos parecen haber experimentado un gran crecimiento.


En estos tiempos, donde parece que Hollywood se ha quedado sin ideas originales (remakes, reimaginaciones de personajes, segundas partes de series exitosas….), los biopics suponen una parte considerable del argumento de muchos de los largometrajes estrenados en la actualidad (Marilyn Monroe, Judy Garland, Audrey Hepburn, la reciente serie Love Story…). Casi se podría decir que si una figura artística relevante o que ha dejado huella en la cultura pop no tiene su biopic, se le asignará uno de oficio. Como he dicho, esto se debe a la falta de originalidad reciente (el factor nostálgico también influye) y su elemento dinamizador del estrellato de las carreras actorales (Rami Malek, Austin Butler, Thimothée Chalamet).


Desde que Rami Malek ganara el Oscar, protagonizar un biopic musical puede traducirse en una candidatura casi segura en los premios. Y ello no es posible sin la falta de empeño y campañas para conseguirlo. Si no esclarece el camino para la ronda de premios, al menos, suele poner al actor o actriz en el mapa.

El biopic sobre Elvis (Baz Luhrmann, 2022), con un Austin Butler que cambió su propia voz para interpretar al Rey del Rock o su posado en la Met Gala, junto a Priscilla, Lisa Marie y Riley Keough, tejieron una campaña, acompañada de cierta emotividad y conexiones mágicas (Elvis y Austin Butler perdieron a su madre con la misma edad). Estos destellos hicieron casi indudable su nominación a los Oscar (que ganó Brendan Fraser). Aparte de estos lazos emotivos que suelen utilizarse para provocar emoción y conmover al público en su favor, el imitar fielmente la voz del cantante que se interpreta se ha vuelto un must. Este elemento se une a una gran caracterización y a la imitación de los ademanes de los artistas (estudio de gestos, miradas y andares), clave para que sea considerado buena interpretación.

Sin embargo, desde hace unos años, el género de los biopics -tan sobreexplotado-ha venido añadiendo, cada vez más figuras, a las que retratar (incluso se ha convertido en habitual preguntar por qué actor les gustaría que les encarnara en entrevistas). Desde ese biopic pendiente sobre los Bee Gees (con Bradley Cooper haciendo de Barry y Rami Malek de Robin) o el desechado sobre Carole King, hasta el de Bob Dylan, papel para el que Thimothée Chalamet se preparó durante 5 años y para el que se sirvió de algunos de los profesionales que asesoraron a Austin Butler. Con esto, el objetivo estaba claro. Thimothée ya era uno de los actores jóvenes con más gancho para la Generación Z, pero también para la crítica y, como él ha dicho en este tiempo, esforzándose por dar grandes interpretaciones en cada proyecto (la sombra de Marty Supreme es alargada en estas declaraciones). Sin embargo, A Complete Unknown es un biopic que no conmueve tanto como lo hacen las piezas musicales que interpretan Thimothée y Monica Barbaro y que se mueve en un ámbito argumental reducido.

Después de lograr la nominación, el foco en el próximo biopic musical se puso en Jeremy Allen White, el actor de Shameless y protagonista de The Bear, que se ha ganado un hueco y que ha recogido en los Emmys los frutos de su interpretación en la serie. Su actuación como Bruce Springsteen parecía darle un papel protagonístico en la gran pantalla, que podría expandir su carrera en este sentido (Jeremy ha protagonizado otras películas desde su boom en The Bear, como Iron Claws ). De nuevo, algunos rasgos entre biopics musicales se repiten: Springsteen ha formado parte de la campaña de promoción de la película, centrada en la grabación de Nebraska tras el éxito de The River.

El largometraje comienza con Bruce (Jeremy Allen White) cantando Born To Run, en la que parece que canta Springsteen pero no. Antes de su estreno ya se dijo que Springsteen había visto el montaje final y dudaba de si la voz que escuchaba era la suya o la de Jeremy. Esto añade credibilidad a una performance, que como en todos estos artistas carismáticos, debe rodear todos los gestos y maneras (el andar de Jeremy con la chaqueta de cuero, las muecas al cantar…). Sin embargo, a nivel cinematográfico y argumental, estas películas se quedan más cojas. Los planos suelen ser básicos y monótonos. En el de Bob Dylan y en Deliver Me From Nowhere cuesta tocar los pensamientos de los protagonistas y se repiten algunos clichés (acompañado de pobreza en los personajes femeninos). El carisma de una actuación no se ve recompensado en la película. En A Complete Unknown, se retrata con el carácter errático de Bob Dylan, rasgo asociado a los genios.



Existe un esfuerzo en estas películas por poner el foco en la imitación extrema, hasta la voz. Se ha vuelto un verdadero requisito para los biopics, como si un actor en estos casos no pudiera dar una buena interpretación sin dar su voz. Algo que resulta paradójico con que la razón del biopic esté en el retrato de las figuras más geniales y únicas. Voces fueras de lo común, pero que exigen ser imitadas por el actor.




P.D.: Me gustaría haber escrito más este mes y haber publicado alguna entrada más. He tenido bastante trabajo últimamente y no he podido pasarme por aquí todo lo que hubiera querido. Aprovecho esto para decir que creo que la inspiración viene y va, pero lo importante es que no abandone (y, para mí, creer en que va a regresar siempre).

Muchas gracias a todos!

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